Rebeldes de Altura (2018)

Rebeldes de Altura es un híbrido estilístico que rara vez funcionaría, pero la hábil dirección de Sergio Sánchez Suárez no se contenta en clasificarse dentro de un sólo género, pues en sus dos horas de tiempo combina drama, romance, acción, suspenso y humor en proporciones perfectamente balanceadas y satisfactorias.

por Cuauhtémoc Ruelas

(Yo No Soy Guerrillero, Dir. Sergio Sánchez Suárez, 2018) 

Sin duda, gran parte del placer que ofrece la cinta mexicana Rebeldes de Altura, consiste en descubrir lentamente las inesperadas interacciones entre personajes, y el modo ingenioso y sutil de un guion que teje una compleja (pero muy clara) red de relaciones, causas y efectos.

Pero antes, se debe establecer el período de la cinta, para entender el contexto.

Desarrollada a finales de la década de los sesenta, en México, durante el punto más álgido de la llamada Guerra Sucia, donde el gobierno llevaba a cabo sus medidas de represión militar, con objetivo de desestabilizar y liquidar a todos los movimientos de oposición ciudadana, comandados en su mayoría por estudiantes. Fue así que en mayor o menor medida los jóvenes fueron discriminados por una sociedad que los miraba como rebeldes afiliados a grupos comunistas y súbitamente se convirtieron en enemigos de la paz.

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En dicho entorno convulso, conocemos a Mitch (Luis Arrieta) un estudiante acomodado, de buena familia, viviendo en Monterrey. Sin embargo, su novia Natalia (Carla Nieto) ha sido detenida por militares, acusada de ser parte de grupos comunistas. Mitch elabora un plan extremo junto a sus amigos; el irreverente Flaco (Oswaldo Zárate) y el asustadizo Benito (Javier Rivera); para tomar un avión rumbo a Ciudad de México, en el que se encuentra el Gobernador de Nuevo León (Daniel Martinez) con afán de persuadirlo y que les facilite información, aprovechando los tenues lazos familiares. Pero todo se sale de control.

Terminan ‘secuestrando’ el avión, haciéndose pasar por un grupo terrorista, pidiendo la liberación de estudiantes detenidos por fuerzas militares. La situación será más peligrosa de lo planeado, incrementando su peligro, al descubrir que uno de los generales más sádicos y violentos (Enoc Leaño) es el negociador. Esto sin mencionar que el grupo de pasajeros son liderados por un obispo (Edgar Vivar) quienes no saben si enfrentar a los chicos o unirse a ellos.

Basta decir que todos experimentan importantes cambios en la película y algunos no son lo que parecen. Esa riqueza de personajes se complementa con una película que no se contenta en clasificar dentro un sólo género, pues en sus dos horas combina drama, romance, acción, suspenso y humor en proporciones perfectamente balanceadas y satisfactorias.

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Ese tipo de híbridos estilísticos frecuentemente dan como resultado un irregular emplastado de escenas que rara vez funciona, pero en el caso del hábil director Sergio Sánchez Suárez y su grupo de guionistas comandados por Eli García y Andrónico González, lograron crear un raro ensamble de situaciones, personajes y hechos históricos, consiguiendo también una cinta poco convencional, que aprovecha a cada una de sus múltiples personalidades y sus distintos puntos de vista, cumpliendo perfectamente bien con un propósito de entretener, al mismo tiempo, humanizar la tragedia y examinar sus consecuencias.

El mencionado elenco incluye tanto rostros muy conocidos (Arrieta, Martínez o Silverio Palacios, por ejemplo) así como iconos de la televisión nacional (Vivar), junto con jóvenes que se están posicionado el medio (Zárate, Nieto, Rivera). Todos realizan un excelente trabajo, adaptándose rápida y eficientemente a los múltiples cambios en el guion. En cuanto a la recreación de la época, se utilizan referencias culturales (como música y la ropa) como herramientas narrativas sólidas, que añaden textura a los personajes y sus acciones.

Sin duda, funciona a la perfección para el público que dice perder la fe y se pregunta por qué no hay buenas películas mexicanas; en realidad hay muchas, solo es cuestión de ampliar el espectro cinematográfico y no solo enfocar nuestra atención a las comedias románticas, que, si bien algunas son muy divertidas, también es bueno equilibrarlas con otro tipo de propuestas, enriqueciendo el paladar cinéfilo y nuestra visión sobre el futuro del cine mexicano de corte comercial. —CR

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