Booksmart (2019)

Películas y programas de televisión tienden a exagerar lo fácil que es ingresar a universidades prestigiosas en Norteamerica pero, tanto el grupo de guionistas de BOOKSMART, así como la directora Olivia Wilde, están menos interesadas en plasmar situaciones verídicas y más en la realidad emocional de lo que implica ser adolescente; una edad donde todo parece tener consecuencias de vida o muerte.

(La Noche de las Nerds, Dir. Olivia Wilde, 2019)

Booksmart es una brillante refutación a la idea de que una comedia tiene que ser grosera y ofensiva para hacer reír. No tiene nada de puritana; el sexo y la sexualidad son discutidos y tratados de manera franca, liberal, y las drogas y el alcohol son un ingrediente importante como en todas las comedias adolescentes. Pero, está hecha con un cálido espíritu de inclusión, poblada de personajes entrañables que se cuestionan los clichés que colorean la idea de lo que es tener esa edad.

Kaitlyn Dever y Beanie Feldstein interpretan a Amy y Molly, dos mejores amigas a punto de graduarse de la preparatoria. Después de dedicar toda su vida estudiantil a sacar las mejores calificaciones y ser aceptadas en las universidades más prestigiosas, las dos se dan cuenta que sus esfuerzos les han ganado la reputación de aburridas y estiradas y que hasta sus compañeros más flojos o fiesteros tienen un futuro inmediato, igual o más brillante que los suyos. Uno consiguió una beca deportiva a Stanford, otro consiguió trabajo en Google y otra, con quien Molly no se lleva particularmente bien, irá a Yale, la misma universidad que ella.

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Considerando que tanto Yale como Stanford aceptan sólo una minúscula fracción de estudiantes que aplican a ellas, es justo acusar a Booksmart de estirar un poco los límites de la credulidad, sobre todo considerando que Amy y Molly asisten a lo que definitivamente luce como una escuela pública (tendría más sentido desarrollándose en una escuela privada, como 10 Things I Hate About You). Películas y programas de televisión tienden a exagerar lo fácil que es ingresar a una universidad de la llamada Ivy League, tanto, que éste se ha convertido en un cliché en su propio mérito.

Los clichés por sí mismos no son ni malos ni buenos, y usarlos como punto de partida; como hace el guion de Emily Halpern, Sarah Haskins, Susanna Fogel y Katie Silberman; ayuda a poner en perspectiva lo que una película hace diferente. La directora Olivia Wilde (mejor conocida por su trabajo como actriz; aquí su ópera prima) está menos interesada en situaciones verídicas y más en la realidad emocional de ser adolescente; una edad donde todo parece tener consecuencias de vida o muerte.

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Wilde utiliza lentes angulares, poca profundidad de campo y un complicado plano secuencia, entre otros recursos audiovisuales, para transmitir la intensidad con que sus personajes sienten. Cuando Molly escucha a sus compañeros decir que sus logros no son tan especiales, es cómo si su mundo se hiciera pedazos. Wilde lo muestra con un dolly zoom y una secuencia en cámara lenta por los pasillos de la escuela, mostrando el caos absoluto de decenas de estudiantes lanzando condones rellenos de agua.

Después de la conmoción, Molly decide que irán a la fiesta de Nick (Mason Gooding), donde estarán casi todos sus compañeros, para al fin demostrarles lo divertidas y atrevidas que pueden ser. Amy no quiere, pero Molly la convence recordándole que Ryan (Victoria Ruesga), la muchacha por la que se siente atraída, va a estar ahí.

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El camino a la fiesta es enredoso (dado que ninguna de las dos conoce la dirección) y las mete en más de una salvaje aventura, pobladas por un diverso elenco de personajes, interpretados por comediantes reconocidos o rostros jóvenes y frescos. Ninguno captura mejor el alocado espíritu de la noche que Gigi (Billie Lourd), una niña rica cuya mente viaja de un lugar a otro con increíble velocidad, y que se aparece donde quiera que Amy y Molly van como por arte de magia. Es inteligente hacerla parte recurrente de la trama (Lourd se roba la pantalla cada que aparece) al mismo tiempo que parece existir en un plano celestial completamente separado de todo.

Por más alocadas que se vuelvan las cosas, la película es cuidadosa de nunca distraer la atención de lo que verdaderamente importa: la relación entre Amy y Molly. El humor seco de Dever contrasta con la intensidad e irreverencia de Feldstein. Esta última, quien saltó a los ojos del mundo como la amiga tímida en Lady Bird, es una revelación feroz; cuando dice que va a ser la mujer más joven nominada a la Suprema Corte de los Estados Unidos, le creemos. Igualmente convincente es la amistad entre ambas. Las dos actrices están en la misma frecuencia, se sienten tan cómodas una con la otra, perdiendo toda vergüenza e inhibición cuando se juntan.

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En lo que a vulgaridades se refiere, Booksmart puede competir con la mayoría de las películas del género. Pero su audacia y filo provienen precisamente de ser una película inclusiva. Comedias ochenteras como Sixteen Candles de John Hughes o Revenge of the Nerds de Jeff Kanew han envejecido pobremente, en parte porque no hay nada transgresivo sobre el acoso de mujeres del que extraen varios de sus chistes. En el mundo real, es lamentablemente una norma.

Wilde y sus guionistas buscan humor en el punto de vista de dos muchachas jóvenes donde otras películas tratarían como objeto o personajes secundarios burdamente delineados. Se comparte la admiración de Amy y Molly por figuras como la juez de la Suprema Corte Ruth Bader Ginsberg y la ex-primera dama Michelle Obama; la comodidad con los términos “feminista pro-sexo”, “preferencia” o “performatividad de género”. Uno de los mejores chistes es sobre un peluche de panda utilizado para asistir la masturbación, como parte del reconocimiento y aceptación la sexualidad autónoma de sus dos protagonistas. Esa perspectiva se nota también en una alucinógena secuencia animada que se burla de los estándares de belleza promovidos por las muñecas Barbie y en la simpatía mostrada hacia el personaje de Annabelle (Molly Gordon), al principio una rival de Molly y quien con resignación acepta que sus amigos varones se burlan de su vida sexual a sus espaldas.

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El mundo que se construye alrededor es igualmente comprensivo y progresista; sin carecer del conflicto o las típicas vergüenzas de la adolescencia. Están los padres de Amy, Charmaine (Lisa Kudrow) y Doug (Will Forte), quienes de manera entusiasta, aunque torpe, abrazan el hecho de que su hija es lesbiana. El director de la escuela (y más tarde chofer de Lyft) Jordan (Jason Sudeikis) les cuenta emocionado una idea para su novela, sobre una mujer embarazada que resuelve crímenes guiándose por los movimientos del feto. Y Jared (Skyler Gisondo), cuya fachada de enfadoso niño rico esconde una mentalidad sensible y hasta proto-feminista. Booksmart demuestra lo liberador, inspirador y gracioso que pueden los personajes que suelen ser ignorados, al convertirlos en protagonistas de su propia historia. —AVR

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