Ready or Not (2019)

El horror usualmente funciona mejor cuando puede orientar ideas o políticas controversiales y presentarlas bajo un empaque de entretenimiento. Una montaña rusa excitante en la superficie, bajo la tierra una serie de túneles que conducen a la mugre. No creo que READY OR NOT sea tan tenaz para comentar con complejidad sobre su tesis, pero es dominada por un humor negro que fluye amplio por toda ésta ópera de violencia.

(Boda Sangrienta, Dirs. Matt Bettinelli-Olpin, Tyler Gillett, 2019)

Grace, la protagonista de Ready or Not, asegura haber pasado su niñez como huérfana, de hogar en hogar postizo durante toda su infancia. Casarse con Alex Le Domas, además de felicidad eterna y otras cosas de panfleto inspirador, al fin le cumplirán el sueño de formar parte de una familia, aunque sea una singular y extravagante. Dueños del emporio de juegos de mesa Le Domas, son un set de patanes acaudalados, herederos de una tradición bizarra y, aseguran, “inofensiva”. Cada vez que el apellido suma un integrante nuevo, deben celebrar una misteriosa game night. Familia sanguínea y extendida, todos se reúnen para jugar. Claro, Ready or Not, o Boda Sangrienta titulada en México, no sería una película de terror si las cosas no se turnaran a lo siniestro.

READY OR NOT

Pienso en Crawl de inmediato; tanto Kaya Scodelario en aquella como acá Samara Weaving son personajes principales sujetos a situaciones, cada una más extrema que la anterior. La diferencia principal es que Haley (Scodelario) no estaba consciente de la absurdez circundante. Por más que lo intentara, la película se empeñaba en ponerle una trampa agotadora tras otra para impedirle escapar de la maldita casa. Cocodrilos, inundaciones, una tormenta incesante. Madre naturaleza contra la resiliencia humana.

A Weaving le queda claro desde el comienzo que la noche de juegos, resultante en una sesión de las escondidas, es la ocurrencia más ridícula entre un grupo de adultos; dispuesta a llevar la charada a cabo, todo sea por complacer al marido y los suegros que la denostan. Cuando las apuestas empiezan a elevarse, Grace está mucho más preparada para enfrentar el reto.

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Con una trayectoria modesta en múltiples géneros (saltó brevemente en Monster Trucks así como Three Billboards Outside Ebbing, Missouri) la actriz australiana se ha vuelto una presencia distinguible en el cine y entretenimiento más truculento, desde las series Picnic at Hanging Rock y Ash vs. Evil Dead; así como las películas de Joe Lynch Mayhem y de McG The Babysitter; pronto aparecerá en lo nuevo de Jason Lei Howden Guns Akimbo y la conclusión a la tri-quela de Bill & Ted ‘Face The Music’ haciéndola de Thea, hija de Bill Preston.

Quizás se deba a sus gigantes luceros azul mármol, que le sirven como activo para vender cualquier intensidad demandada por el cine de horror y/o fantástico, así sea incredulidad, vulnerabilidad o irreverencia. Su arco en Ready or Not, de novia ligeramente subyugada hacia heroína de acción con escopeta es fácil de comprar por puro carisma nato.

READY OR NOT

Aunque la película poco profundiza en los antecedentes de la chica, mucho menos lo hace con sus personajes secundarios y terciarios. Desde Mark O’Brien como el esposo, Adam Brody como el cuñado, Henry Czerny y Andie MacDowell como, respectivamente, los patriarca y matriarca, entre muchos otros, claramente la intención es que la mayoría funcionen más como símbolos por encima de ser personas reales.

Los co-directores Matt Bettinelli-Olpin y Tyler Gillett (ocasionalmente acreditados sólo como el colectivo Radio Silence) juegan en el terreno que otras películas del 2019 han tacleado con más prestigio y ovación, como Us de Jordan Peele o Parasite de Bong-joon Ho. La lucha de clases manifestándose a través del azar y desafíos de resistencia.

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Acá es tratado como un chiste—el humor negro fluye por toda ésta ópera violenta—pero no resulta tanto cuando se piensa a detalle; los primeros en morir son la servidumbre de la mansión y, cabe añadir, son los únicos (además de Grace) que nunca firmaron para participar en el juego. Les tocó el hacha en la cabeza solo por lavar la ropa y hacer la comida del empleador equivocado. Así como son eliminados, son descartados para ser alimento de animales de granja. Solo hay uno, el mayordomo fiel, quien hace el trabajo sucio de aquellos que se niegan a mancharse directamente las manos. Incluso los niños de la familia también toman parte de la violencia cuando la situación lo demanda, dejando claro que el simio repite los patrones que observa en la jaula.

READY OR NOT

El horror usualmente funciona mejor cuando puede orientar ideas o políticas controversiales y presentarlas bajo un empaque de entretenimiento. Una montaña rusa excitante en la superficie, bajo la tierra una serie de túneles que conducen a la pura mugre. No creo que la trama sea tan tenaz para comentar con complejidad sobre dichos temas, pero queda siempre implícito en la batalla por la supervivencia de nuestra heroína.

La obsesión de exterminarla viene a raíz de un simple juego, una ocurrencia nihilista para combatir el aburrimiento. Una tradición centenaria que no muere por que los ricos no conocen otro modo de vivir. Si algo ha funcionado por décadas, ¿para qué detenerlo ahora? Bajo esa mentalidad es común que opere la clase acomodada, la afectación del otro como parte de un ritual necesario para mantener el privilegio y la fortuna, por más distanciado que se esté de la humanidad básica.

Hasta que la humanidad sea tocada por un rayo de gracia y replique: Listos o no, ¡Ya basta! —MJB

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