FICM ’19: Ya No Estoy Aquí

YA NO ESTOY AQUÍ de Fernando Frías existe en una rica y fascinante intersección de lugares y culturas. Es la historia de Ulises, un muchacho de Monterrey y su pandilla de amigos unidos por la cumbia rebajada; y quien, después de una serie de eventos que se irán revelando, deberá re-ubicarse desde Nuevo León hasta Nueva York.

(I’m No Longer Here, dir. Fernando Frías, 2019)

Ya no estoy aquí, de Fernando Frías existe en una rica y fascinante intersección de lugares y culturas. Es la historia de Ulises (Juan Daniel García Treviño), un muchacho de 17 años de Monterrey y su pandilla de amigos unidos por la cumbia rebajada, como se le dice a una variedad del género musical típico colombiano adaptado al norte de México. Después de una serie de eventos que después se volverán claros, Ulises cambia Nuevo León por Nueva York. Ahí, sus intentos de adaptarse lo llevarán a hacerse amigo de Lin (Angelica Chen), una muchacha de origen chino.

Lin no habla español y Ulises no habla inglés, ni chino; esta relación se convierte en una perfecta metáfora para la experiencia del muchacho, quien no puede darse a entender aún con aquellos pocos que quisieran ofrecerle apoyo y comprensión. La película es presentada en una cronología fragmentada, alternando entre Nueva York y Monterrey; el recurso se siente un poco trillado (y algunos textos que nos informan de los saltos rompen el ritmo de la narrativa) pero es finalmente efectivo, recordándonos constantemente de lo que Ulises se perdió dejando atrás su hogar, a sus amigos y familia.

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Un sutil ingenio aparece constantemente a lo largo de la película. La fotografía a ratos recuerda demasiado la estética tradicional del cine independiente estadounidense, lo que la puede hacer sentirse un tanto anónima, salvo algunos motivos visuales; los rascacielos de Monterrey en el fondo contrastan con la periferia de la ciudad donde viven Ulises y sus amigos; el constante deterioro y vandalismo de los anuncios de un candidato político coincide con el ascenso de un cartel y el retroceso de la ley. Pero, lo que verdaderamente le duele es su caracterización musical de Monterrey y de Nueva York; la primera ciudad viva, con las cumbias, la segunda, poblada por distintos estilos que para Ulises son cuando menos desconocidos y cuando mucho desagradables.

El enfoque bi-nacional de la película resulta ambicioso y ayuda a recordarnos los nexos entre las problemáticas que afectaban a ambos países en las eras de Felipe Calderón y Barack Obama (la película se ambienta en 2011) y que continúan hasta la fecha. A través del lente de la experiencia humana, la violencia del narcotráfico y la situación de calle en las urbes estadounidenses no pueden verse separadas de la migración entre ambos países. A pesar de todo, Ya no estoy aquí no es una película panfletaria; sus observaciones están escondidas debajo de una rica jerga local y gozo por el baile. Si sus tintes de violencia son particularmente dolorosos es porque interrumpen en una vibrante vida joven. —AVR

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